La nueva vida de un viejo flexo con un trozo de madera

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Si mi padre me oye llamarle trozo de madera a la base maciza de cerezo que talló con sus propias manos con una gubia y un formón, deja de hablarme para los restos.

Pero es la forma más sencilla que se me ocurre para describir cómo convertí un viejo flexo en una lámpara de lectura: sustituyendo la pinza que lo sujetaba a la mesa por una base de madera DIY:

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Después de cambiar la habitación de #laniña y que tuviese su espacio para hacer los deberes (aquí), el siguiente paso fue buscar una buena iluminación.

El #esposo y yo nos pusimos en plan abuelos cebolletas recordando los flexos con los que estudiamos y descubrimos que los dos utilizamos el mismo modelo. El suyo amarillo y el mío rojo, pero ambos de brazo articulado y con una pinza para sujetarlo a la mesa.

En ese momento se me encendió la bombilla (nunca mejor dicho): podía recuperar la lámpara de trabajo del #esposo para el escritorio de #laniña.

A los pocos días lo tenía en mis manos gracias a su padre, que lo había guardado todos estos años. Una pieza vintage auténtica, con un diseño funcional que no pasará nunca de moda y un amarillo súper alegre.

Sólo lo limpié a fondo, no toqué nada de la pintura porque los (pocos) desconchones que tiene le dan aún más valor:

Sólo quedaba el detalle de cómo sujetarlo a la mesa, porque no tiene ni un solo saliente donde encajar la pinza.

La solución era hacerle una base que fuese capaz de aguantar el peso y el movimiento del flexo.

Por suerte tengo a mi padre, que hace magia con la madera. Le conté lo que quería y  me trajo esta obra de arte, con el precioso detalle de los bordes y la flor de agua tallados a mano:

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Su tamaño y forma lo determinó el largo del brazo de la lámpara (97 cm.) y su medio kilo de peso:

Esto le obligó a preparar una pieza rectangular de madera de cerezo de 40 cm. de longitud, 25 cm. de ancho y 4,5 cm. de grosor:

En total unos 2,5 kilos de lámpara que por suerte sólo hay que deslizar sobre la mesa, porque si tuviésemos que acarrearla acabaríamos deslomados y/o decapitados con ese brazo loco y asesino.

Porque para que gire con facilidad, mi padre hizo un agujero en la madera e introdujo un rodamiento de 10 mm., sobre el que dicho brazo se mueve en cualquier dirección empujándolo sólo con un dedo:

 

Y no sólo eso, sino que además puso una arandela de metal en la parte superior para que la madera no se desgaste con el roce:

En fin, un montón de detalles que aseguran que este reciclaje durará muchos años. Me gusta porque además de recuperar un objeto con historia, #laniña va a tener un recuerdo de su padre y de su abuelo para toda la vida. Supongo que será cosa de la edad, pero yo esas cosas las valoro cada vez más.

La única preocupación de mi padre era si la base era demasiado grande y estorbaba, pero al final le hemos dado una doble utilidad poniéndole encima el bote de los lápices (tallado a mano por él también):

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¿Qué te parece cómo ha quedado? ¿Tuviste o tienes uno como este?

Te adelanto que esta no es la única colaboración que hemos hecho mi padre y yo relacionada con los flexos. En breve te enseñaré cómo reciclamos el mío y lo convertimos en… (mejor lo ves por tí mismo/a, que una imagen vale más que mil palabras).

 

¡Se muy feliz y disfruta del sol!

(Blanca, te dejo las llaves debajo del felpudo)